lunes, 31 de octubre de 2011
Más allá del mar.
![]() |
| Praia de Sardiñeiro, Camiño de Fisterra |
Sale la barca perdida en diamantes
de luz de agua, color de nenúfar.
Sale en silencio de labios que buscan
olores de flores, de río perfumes.
Parte, figura, presa en su barca
por ti, en la inmensidad sin sabor.
Olvidado en la orilla ha dejado el rubor
y el timón de guía para sus días sin casa.
Marcha vestido por ojos cerrados,
mas contempla desnudo su pecho
por la herida de lo que el agua ha arrancado.
Se aleja de sí acariciando, a su paso, pétalos,
para recordar la mano sobre su corazón,
dejado en la orilla, abandonado en recuerdos.
viernes, 21 de octubre de 2011
Un ejemplo más de las víctimas de la sociedad, ¿seguimos sin animarnos a hacer nada?
No soporto las frías descripciones de los periódicos, pero ni la más larga de las noticias serviría para retratar lo que supone la sociedad actual. Absolutamente ninguna palabra es capaz de representar ni uno de los miles de ejemplos que se desangran al otro lado de nuestros párpados. Nadie sabe escribir el grito del que sufre, ni la herida de las víctimas. La propia sociedad se esconde de ella misma. La propia sociedad quiere esconderla de sí misma.
Yue-Yue ha muerto porque la han matado ¿Sabe alguien quién es? ¿Va alguien a molestarse en saberlo? No es una niña que apenas sabía andar, ni una trágica historia, ni la asesinada por el egoísmo humano... No es una imagen captada por una cámara y retransmitida por una reportera, pero no va a pasar de ahí ¿Para qué mirar detrás de los televisores, si solo hace daño?
Yue-Yue, dos años, cruza la calle. Desafortunadamente, un camión embiste contra ella y la arrasa con las ruedas delanteras. La niña no ha muerto, el camión se para. Se para, para seguir, y aplastarla de nuevo con la parte trasera del vehículo. No es un camión, es un conductor, que no ha ni abierto la ventanilla, no ha dejado ni la más mínima muestra de culpabilidad por el camino. Nadie lo ha hecho, porque la pequeña sigue tirada en el suelo bajo las miradas de 18 personas, una cámara de seguridad y otro vehículo que no ha intentado ni esquivarla. La han mirado para continuar con su camino, dejando "aquel cuerpecillo ensangrentado a punto de morir" como una simple anécdota, o ni eso. Una mujer encargada de organizar la basura de la calle comercial la coge y la abandona en una cuneta, ¿sería su buena acción del día? Y, tras el coma, ha muerto, ¿sorpresa?
¿Qué coño es esto? ¿Qué clase de monstruos somos? ¿Qué cojones es lo que queremos ser? ¿Qué nos hemos puesto sobre los ojos, oídos y sienes para aislarnos así de todo lo que nos rodea? Hemos olvidado la vida, incluida la propia. No creemos en nada que no sea lo material, hemos pisado el resto y así seguiremos. Miles de ejemplos como este lo demuestran, ejemplos que solo reciben compensaciones económicas... He ahí a lo que equivale vivir, lo que valemos. No somos nada, ni intentamos serlo. No somos ni lágrimas porque el vídeo de la niña muerta está colgado en Youtube y apuesto que para muchos ha sido como otra de esas películas dramáticas, capaces de iluminar la mente durante unos cuantos minutos y, luego, oscuridad. No valemos nada, ¿qué hago yo misma escribiendo esto si nada va a suponer? No merecemos ni una pizca de orgullo.
Yue-yue no va a volver a la vida, ni la alegría a su madre, ni los civiles muertos en Turquía, ni en Palestina, ni las víctimas del narcotráfico en Méjico. No van a volver a la vida de verdad, la que no es dinero. Ni siquiera su falta significarán nada, porque por muchas lágrimas que yo derrame ahora, nada ocurrirá después. No vamos a cambiar nada, no queremos. Nos hemos equivocado de personas, ya no somos personas. Ya no queremos serlo...
No sé si recomiendo ver este enlace. Suele decirse que esta clase de vídeos son solo aptos para aquellos de sangre fría, pero ocurre todo lo contrario. Aquel que no vaya a sentir nada, si tiene el más mínimo respeto, que ni lo abra, porque tampoco sintieron nada las gentes que continuaron con su camino sorteando a la pequeña.
miércoles, 19 de octubre de 2011
"Después de arder el fuego, ya hay solo humo".
He vuelto
a resbalar por el aire otra vez.
Vuelto a vestir piel,
piel de pieles entre otras pieles.
Y, ya, con la careta puesta,
ya, sí, ya puedo ir a caminar.
Ya voy de "nadie", soy con nadie.
Ya solo papel de pieles.
Ya, como todos.
Y debajo, ni el eco de tu voz.
Escapo de que escape de mí.
Y aunque volveré a entre paredes esta noche,
volveré, desde otras más.
Y "Tú"... que ha corrido
con la luz,
y que nadie va a enseñarme a correr.
No puedo, no quiero querer poder.
Papel de pieles, de todos,
careta de nadie, de entre paredes...
que ya solo podemos andar.
martes, 11 de octubre de 2011
Cousas da vida...
sábado, 8 de octubre de 2011
No pregunten...
¿Qué es la vida sin muerte, más que muerte en vida? No son los pasos si no sucesivos escalones que se hunden en el fin del camino. Y la altitud de la que gozas hoy, jamás la gozarás mañana. La claridad que ciega sus ojos, nunca será igualada. Y el amor, y el honor, y la esperanza, y el dolor. No pregunten por significados si siquiera hay palabras que formulen. No pregunten por ellos porque no hay más respuesta que nosotros a su pregunta. Es el amor quien siempre ha pervivido y el hombre el que humedeció en él sus labios, para perderse a la sombra del recuerdo. A su sombra. Con sonidos no se expresan sentimientos y mis sonidos brillan en cuerpo de letras. No sabría esculpir mi vida porque es la muerte quien pone fin a sus obras.
¿Y qué es la muerte si no el hombre? Somos los que morimos ahogados bajo el peso de tantos y propios pasos. Somos los que terminan ciegos por contemplar mañanas. Sordos de tanto callar. Somos los asfixiados por la inmortalidad de nuestro alrededor; del amor, del honor, de la esperanza, del dolor. Somos aquellos capaces de resistir al vacío con solo plegar las pestañas. Mirar a la verdad con el alma hueca.
![]() |
| El Canto de Orfeo. Pigmalión. |
martes, 4 de octubre de 2011
(Poca importancia)
Quiere Verano venirse al Invierno.
Y si sé que secará de charcos y regatos,
es porque saludarán los fondos de nuevo.
Quiere Verano venirse en Invierno.
Yo confiaría, que si ya no me atrevo
es porque la luz ha dejado al papel en cueros.
lunes, 26 de septiembre de 2011
domingo, 25 de septiembre de 2011
"El elemento propio da fuerza y confianza; salirse de él es un riesgo imprudente".
A día de hoy, pocos son los lugares sin asfaltar que puedan ser pisados. Siguiendo esta regla, irremediablemente extendida, el verde no funciona si no como base para la edificación de nuevos edificios. Un buen ejemplo de este “movimiento” serían los colegios. Ellos, tan firmemente erguidos por su estructura de hormigón, plagados de mudos pupitres metalizados y baldosines con la capacidad de lucir siempre viejos, incluso cuando no han llegado a ser estrenados más que por las ratas. Sí, ratas. Los colegios, aunque no lo parezca, no son la excepción al hervidero de ratas que la ciudad entera esconde. Son únicas a la hora de acomodarse en la oquedad de las paredes y dormitar hacinadas entre las exageradas separaciones de los adoquines de piedra que tapan la mayor parte de la superficie del recinto escolar situado al aire libre. Son únicas a la hora de desaparecer.
Ésta, sumada a una amplia colección de improperios y frases despectivas, podría configurar la descripción que atañe a la desarrollada especie de roedores, desde un punto de vista humano, claro. Ese es, indudablemente, nuestro trabajo, pues si en algo somos insuperables es en aportar opiniones. Opiniones, claro, poco empáticas. Porque, ¿podría observar una rata? ¿Podría cesar su actividad de búsqueda de comida y pararse a mirarnos, desde esos escondrijos tan inaccesibles para nosotros? Podría y, de hecho, no sería la primera vez que alguna de ellas sigue nuestros pasos a través de los pasillos de las escuelas.
Supongamos que somos ahora ratas y que, sobre nuestra guarida, nuestro espacio natural, se alzan muros, los cuales reconvertimos en madrigueras. Supongamos que, tiempo después, se alza una voz desconocida, seguida de otra y otra, y otras más, hasta llenarse el lugar de gritos, susurros y monólogos soporíferos, y de pies, sobre todo de pies, que o bien permanecen quietos bajo los pupitres, o en incansable movimiento sobre los baldosines. Y así, los años nos pasan y, nosotros, rodeados de esos pies, ya convertidos en compañeros parciales de habitación, con los que convivimos y de los que conocemos su comportamiento, forma y pisada. Supongamos que olvidamos nuestras madrigueras, nuestro afán de escondernos y nuestro don de la invisibilidad. Supongamos que, más bien, los muros y las voces nos los han hecho olvidar. Supongamos que, creyéndonos pies, salimos de la rutinaria oscuridad que siempre nos ha envuelto.
Pero, entonces, ya no cabría suponer más, porque nuestras colas levantarían chillidos y a esas suelas que creíamos amigas. Y el sol nos cegaría de luz, y odio y verdad al comprender que aquellos que nos han echado del verde nos echarán también de nuestras propias vidas.
![]() |
| Templo Deshnok, La India. |
Nota: La moraleja a lo que sería esta fábula (escrita como título) la recogí de un texto llamado El cocodrilo y el chacal, que forma parte de la colección de fábulas Panchatrantra, de origen Indio y que data del s. IV a.C.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









