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viernes, 2 de enero de 2015

ULTIMA NOCTE, ET FINIS

Si volviera a contar lo que hoy ha ocurrido contaría una historia. Buscaría el principio ya antes narrado y los medios para desenvolverlo; lo desenrollaría como una alfombra; lo extendería en la medida de lo posible; crearía una base cómoda sobre la que mantenerme, nunca mía.

Contar otra vez lo que hoy ha pasado sería un trabajo de tapicería que me permitiría seguir muda.

Pero tampoco sé hablar del ahora, de mi interior. Cómo referirme a la vorágine con unos nombres que no tiene. La oscuridad no me permite ver las paredes y eso es un sosiego.


Oigo una respiración al lado o no la oigo.
Oigo a un perro, a una madre, a un alfredo, a mí o no oigo.


Lo que me asusta es imaginar la sensación de mañana al abrir los ojos o despegar ahora las manos del teclado y tumbarme. Volver a las necesidades es abarcar demasiado: la realidad tras la película, la realidad tras el papel. No quiero esa sensación.  Una página escrita y he conseguido abordar una lejanía amarga pero agradable. El hilo somos mis dedos y yo bailando sobre las teclas. Mantengámonos.

Esta es la salvación que proporciona la escritura o no.
Yo escribo o no.


Algo me hace dudar que pueda o no ser lícito abordar esta calma, sentir un sosiego a medias. Pero recuerdo la realidad y una responsabilidad me asola porque yo no tengo derecho a estar en calma.



Mis dedos bailan sobre las teclas, estoy lejos. Esta oscuridad ha dejado de ser un estómago, la historia ha pasado a leyenda. Si contara lo que hoy ha ocurrido abordaría los hechos como la trama de un mito. Mis dedos luchan como dragones pequeños, no saben si están aquí y yo no los veo; la vorágine brilla lejos. El piloto rojo de la televisión se ahoga en este estanque oscuro y sin paredes. Ya casi es invisible. Mi madre duerme.



martes, 30 de diciembre de 2014

SECUNDA NOCTE, ET VIDI SOMNIUM

Voy a imaginar cosas, he de procurar no dispersarme. La oscuridad va a ser completamente maleable para mí pues no hay nada, solo yo: puedo llenar el mundo entero con lo que quiera.


Los suspiros rebotan por las paredes, es lo único audible en esta habitación. Será mi madre, que ya estaría dormida, a mi lado. Respira tan bajo que a veces me asusto y debo poner mi dedo bajo su nariz para tranquilizarme. Entonces me detengo. Una fuerza consciente me hace recordar a lo que debí ser yo obedeciendo este tipo de impulsos en otras ocasiones. (La nariz de mi madre, entonces, pasa automáticamente a mi memoria.)

Soy buena. La calidez se despierta en mí al haber descubierto generosidad en un impulso inconsciente, y lo describo. Pero formular al fuego es soplar sobre él. Eso me asusta: ya no soy buena.


"Los suspiros rebotan por las paredes, es lo único audible en esta habitación."


Oscuridad, un perro duerme a mi lado. Está tranquilo y eso me conviene. Me duele el estómago, mi vorágine patalea, pero él ha aceptado taparse, tenderse junto a mí. Este perro confía tanto en mí que no le inquieta el ruido de las teclas: duerme. Entrega su cuerpo a mí, cierra los ojos. Se ha tirado en picado a su interior, se ha abandonado y yo debo cuidar de su cuerpo. Cierra los ojos ante el mundo. Junto a mí, no teme que nada pueda atacarlo. Respiro, respiro, respiro.


Oscuridad.


Alfredo, Alfredo, Alfredo, duermes junto a mí. Tú, que conoces mi peligro mejor que un perro, cierras los ojos. La habitación es tan oscura que no puedo verte la cara, pero la intuyo. Duermes de frente a mí, no quiero tocarte. Eres con esta oscuridad: una idea. Tu cabeza asoma entre los pliegues del edredón como una piedra al sobresalir de la piel de un lago. Tu cabecita es una esfera tallada en piedra, arropada por el agua oscura. Una piedra suave y húmeda, negra, musgo tranquilo, un perro abandonado a mí, una nariz, unas pestañas, mi madre. Tus dedos agarran fuertemente las aguas, te envuelves. Alfredo, te tiras en picado a tu interior y me entregas tu cuerpo, pero te aferras con todas tus fuerzas a la oscuridad para que yo no pueda arrebatártela. Si esta noche te quedases destapado, desaparecerías.


Aire entrando y saliendo, aire oscuro rebotando por la profundidad de mi estanque.


La vorágine duerme junto a mí. 
Lo hace, esto ya no es imaginar. Pero respira, respira: mi madre duerme junto a mí y yo debo ser pequeña, ínfima, piernas y manos minúsculas. 

Mami, mami, párpados tranquilos, no puedo verte. Necesito imaginar, no recordar, maldita vorágine hambrienta. Mami, mami, ¿quién eres?


Palabras. 


Las palabras vuelven, tengo que buscarlas en una red. Ya no hay mi madre, ojos, perros, Alfredo. Las ideas... Tengo que buscar, buscar. Tengo que buscar a mi madre en las palabras, en una red, en otra red y en otra, y yo quiero que duerma. A ella también la he arrojado en picado a su interior para tener que cuidarla, pero la busco. Respira.




Mi madre, la oscuridad, un estómago.

Tenía que detener a la vorágine pero la he devorado.

Los suspiros rebotan, rebotan, rebotan en mi vagina.



domingo, 28 de diciembre de 2014

PRIMA NOCTE

Una vorágine hasta aquí, hasta ahora. Un murmullo continuo como una corriente, nada más. Y de repente ahora.

Intento no buscar palabras y dar luz a mis ideas, pero todo pende de alguna otra cosa. Nada tiene suficiente brillo como para mantenerse por sí solo. Las palabras son redes, a ellas también las precede la vorágine. Y entonces mienten.

Yazgo. La oscuridad tapa mis piernas, arropadas, enredadas con otras piernas. Mi estómago ocupa toda esta oscuridad, es el único ser viviente. Doy cobijo, en mis entrañas, a la vorágine. Yo no la puedo expresar con palabras sino es tiñéndola, pero mi estómago la porta realmente, tal y como es. Soy madre: no siento náuseas sino el temblor de una criatura tumultuosa, mi hija.


Pienso.

La vorágine es mentira. Y si mis palabras mienten es porque intentan darle un viso de realidad. Recapacita, esto no se puede hacer. Me digo que desconozco la manera de hablar con sinceridad y de mentir al mismo tiempo. Me refugio -respira-, me refugio en que desconozco la manera de no buscar palabras, de ser una idea.

Mentira.
Yo soy la vorágine, soy toda esta oscuridad de piernas enredadas.
Y yazgo. 
El ahora es una habitación de red tejida con nudos negros que me arropan.

Pero no duermo entre otras piernas sino sola. Mentira, mentira, mentira, miento y por qué. Por los nudos, por la vorágine. La vorágine:

Qué es la vorágine. (Preguntar es sincero.)

Vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, 
vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, 
vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, 
vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, 
vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, 
vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine.


La vorágine es el pasado. Y el pasado es un murmullo, una corriente dura que empuja hasta el ahora. Yazgo arropada. Y el ahora, una corriente que empuja desde atrás, una red que pende de otra. Tengo que hundirme en la vorágine para comprender, pero qué es la vorágine, contéstate.

Es antes.


Pienso.

El día de hoy, ayer, la semana pasada. Años, años, años. Los años no son años, no tienen forma, no los veo. Sí veo mi vida en esta habitación: una manta larga y espesa y los años, entretejidos entre ellos, mezclados y confusos, han oscurecido esta noche, para taparme. Los hechos hilados en un largo trapo cálido que me adormece, sin formas ni límites que los distingan.

Hechos: fuerzo mis recuerdos igual que busco las palabras: hojeo la guía de teléfonos: manoseo el manual de lingüística. No encuentro, pero sabré qué busco, me digo, cuando la forma de la página me resulte familiar. Respiro.


Pienso. 

El ahora en que yazgo, hoy.

Han pasado cosas, puedo enumerarlas, especificarlas. Esto es algo que mañana ya no podré hacer. Tengo una lista. De la misma manera, no puedo volver a vivir el día de hoy, ni tan siquiera sentirlo, al leerlo: mi lista de hechos se resume en palabras.

RESPIRA.



Una dura, lejana corriente, ha apagado la luz en este cuarto, ha cerrado los ojos, las piernas que rodeo, se ha metido en mi estómago y no la veo. Ni soy capaz de abstraerme y no ver, ni necesito abstraerme y no ver. La vorágine es un vacío amenazador que me agota, que me facilita el sueño cada noche y un cuerpo con quien dormir.



LA VORÁGINE: 

el pasado,
todo lo mío, 
es 
un cuento ajeno