domingo, 15 de febrero de 2015
La no-lectura del periódico
Este post está formado por imágenes y titulares de algunos números del periódico El País que me ha llamado la atención. Los he agrupado no sé muy bien con qué criterio, pero intentando crear un conjunto entre frase e imagen, una comunicación.
viernes, 13 de febrero de 2015
Para mis espectadores:
Hola, público.
Saludo a mis espectadores, vosotros. Vosotros, ansiosos por
observar el desarrollo de esta burda comedia. Os imagino dejando asomar
vuestros brillantes dientecillos, escupiendo y soltando abruptas carcajadas: aire expulsado a presión, vómitos de sonido entrecortado. Vuestras risas solo acentúan el pavor de esta tragedia. Vosotros, que no tenéis más lugar en ella que
el de preguntaros qué pasará. Patearía vuestra cómoda lejanía de butacas, de
sillas, de lugares inabarcables para mí. Qué pasará con aquella vida ajena, os
preguntáis al ver todo esto. Qué desgracias, qué alegrías me entretendrán esta
vez, cómo se desarrollará tal o cual cosa, ¿volverá a tratarse aquello que me
gustó tanto o no? También llegáis a aburriros.
Cómoda, comodísima posición ante mi vida, el aburrimiento.
Os machacaría uno a uno, os abriría la boca hasta que vuestras mandíbulas se
desencajaran. Entonces ya no podríais gesticular y todo esto carecería de
ningún valor: yo ya no sentiría nada. ¡¡¡Nada!!! Las evaluaciones dejarían de
tener efecto, no sería causante de nada, no sería objeto de nada, de nada, de nada,
¡nada existiría...! Pero, ahí, sois oscuridad y observáis desde vuestro refugio.
A mí, a quien la luz del foco le impide defenderse ni ver más allá de este
estúpido escenario. Mis ojos llorosos os divierten, ¿los veis realmente? Son el
símbolo de un dinero indirectamente bien invertido o del tiempo, al menos, no malgastado. O también de lo más nimio, todo depende de vuestro frívolo gusto. Sin embargo, yo
también me pregunto qué y cómo y cuándo. Pero con quién comentarlo, aquí, sola.
Con quién reírme aunque fuera de mí misma. No puedo, no puedo observar mi vida sin
salir de mí realmente, cuando desde mi interior me siento tan fuera de ella
como vosotros.
Quiero saber qué pasará con todo esto, esto que me ha
ocurrido últimamente y seguramente ni siquiera sospecharéis. Quiero saber por simple
curiosidad. Cuáles serán mis pasos, qué pasará después de o durante o antes de, y especialmente ahora, que el
ambiente debería ser tenso y más me valdría mantenerme atenta, expectante… Sé cómo
debo actuar siempre, siempre lo hago, pero no qué lugar ocupo en esas
actuaciones. Yo debería ser espectador, desmoronarme de risa o de tristeza en
la oscuridad y desembolsar billetes de mis bolsillos o embelesarme sin remordimiento ante mi imagen. ¡Aquel debería ser mi
papel y no este! Y yo especialmente, no todos vosotros, pues soy yo el
espectáculo, ¿quién si no iba a tener más derecho?
Puedo apagar las luces, pero el foco no debe ser esta
lámpara si las risas siguen resonando. Me despiertan del sueño y me
persiguen durante todo el maldito día, salga o entre o me vaya al maldito
carajo. Las calles de esta ciudad son un pasillo eterno, un
pasillo estrecho y agobiante. Pero no me agobio, solo me veo agobiada. No me
siento, me observo sentir… Os odio, os odio, os odio. ¡¡Dejadme estar con vosotros!!
Un día, dos días, diez días. No pasa nada. Como, duermo,
estudio, ando, hablo. La calle, una persona o cien. No recuerdo, puedo borrar,
tengo la potestad de borrar el pasado y de borrar el futuro. Tengo la potestad
de borrar el presente en función de cualquiera de los otros dos tiempos, por
puro interés. Pero vosotros tenéis más, más tiempos, así que contadme. Vosotros tenéis más
tiempos y por eso os reís de mí, encerrada en este cuchitril de tres paredes,
en el escenario abierto del que me quejo. Cómo no vais a reíros si es ridículo
fingirse encerrado cuando una de las cuatro paredes está abierta. Pero si yo lo sé es porque formo parte de vosotros.
No me siento.
Me observo.
Me observo desde dentro.
Decidme cómo son las otras, las cinco o seis paredes que no puedo
imaginar.
Quiero saltar y no puedo, explicadme cómo.
Los días, los días, las paredes, el tiempo. Cuando se acaben los días, he pensado, se acabarán
los tres tiempos:
Hoy queda una semana. No queda una semana, pero digo que
queda una semana y, vosotros, expertos espectadores, asentís incrédulos. No habéis venido para quedaros una semana, claro. Lo que quiere decir "queda
una semana" es la repetición de cierta trama, una actuación. Y yo, personaje, he sido capaz de averiguarlo.
Un día de A,
dos días de A,
tres días de A,
cuatro días de A,
cinco
días de A,
seis días de A,
siete días de A.
Al octavo, A.
Nueve días de no A,
diez días de no A,
once días de no A,
doce días de no A,
trece días de no A,
catorce días de no A,
quince días de no A.
Al dieciseisavo, no A.
Luego ni A ni
no A al diecisieteavo.
Etc., etc., etc., etc., etc.
“Queda una semana” es una pared que suprime a las otras
dos. Pero si lo sé, cómo, cómo puedo seguir aquí…
Ha pasado tiempo y vuelvo a hablaros.
Una habitación. No sé lo que es una pared o un muro. No sé
lo que es un techo o una pared o un muro o un suelo. Cinco tablas pintadas de
blanco, una tabla pintada de madera. Camino por una, camino por otra, pongo los
pies encima o debajo de mi cabeza y miro. Está una pared y una lámpara, está
una pared y un armario, está una pared y una cama, está una pared y una
ventana, está una pared y una puerta, está una pared y el blanco. Puedo mirar
también a ocho esquinas distintas sin contar con las del armario o la cama o la
ventana o la puerta. Me río de esta ridiculez de escenario, aunque sigo sin
poder diferenciar tampoco algunas esquinas de otras.
23.00 horas, seguís ahí.
Tengo que cenar.
Es urgente pero
mañana también tendré que cenar.
También será urgente.
Ceno dos veces, ceno
tres veces, ceno cuatro veces en una hora, pero mañana cenar vuelve a ser igual
de urgente.
¿Os lamentáis?
Después de esta semana queda una semana. En el día M quedará
una semana. Queda una semana desde la mitad de la semana anterior y hasta aquí
contando a partir del tercer día de la semana que viene. Dos semanas son una
semana y, un año, también.
Después de la puerta hay un pasillo: cuatro paredes pintadas
de blanco y una pared pintada de madera. No era la cuarta pared.
En la calle no
entiendo la pintura de los muros, no entiendo qué tipo de esquinas me rodean,
pero no puedo salir de ninguna de ellas. La calle no era la cuarta pared.
Cuando ya no esté en el primer día de A os seguiréis riendo
de mí.
Decidme qué puedo hacer.
jueves, 5 de febrero de 2015
viernes, 2 de enero de 2015
ULTIMA NOCTE, ET FINIS
Si volviera a contar lo que hoy ha ocurrido contaría una
historia. Buscaría el principio ya antes narrado y los medios para
desenvolverlo; lo desenrollaría como una alfombra; lo extendería en la medida
de lo posible; crearía una base cómoda sobre la que mantenerme, nunca mía.
Contar otra vez lo que hoy ha pasado sería un trabajo de
tapicería que me permitiría seguir muda.
Pero tampoco sé hablar del ahora, de mi interior. Cómo
referirme a la vorágine con unos nombres que no tiene. La oscuridad no me
permite ver las paredes y eso es un sosiego.
Oigo una respiración al lado o no la oigo.
Oigo a un perro, a una madre, a un alfredo, a mí o no oigo.
Lo que me asusta es imaginar la sensación de mañana al abrir
los ojos o despegar ahora las manos del teclado y tumbarme. Volver a las
necesidades es abarcar demasiado: la realidad tras la película, la realidad tras el papel.
No quiero esa sensación. Una página escrita y he conseguido abordar una lejanía
amarga pero agradable. El hilo somos mis dedos y yo bailando sobre las teclas. Mantengámonos.
Esta es la salvación que proporciona la escritura o no.
Yo escribo o no.
Algo me hace dudar que pueda o no ser lícito abordar esta calma,
sentir un sosiego a medias. Pero recuerdo la realidad y una responsabilidad me
asola porque yo no tengo derecho a estar en calma.
Mis dedos bailan sobre las teclas, estoy lejos. Esta
oscuridad ha dejado de ser un estómago, la historia ha pasado a leyenda. Si
contara lo que hoy ha ocurrido abordaría los hechos como la trama de un mito.
Mis dedos luchan como dragones pequeños, no saben si están aquí y yo no los veo;
la vorágine brilla lejos. El piloto rojo de la televisión se ahoga en este
estanque oscuro y sin paredes. Ya casi es invisible. Mi madre duerme.
martes, 30 de diciembre de 2014
SECUNDA NOCTE, ET VIDI SOMNIUM
Voy a imaginar cosas, he de procurar no dispersarme. La
oscuridad va a ser completamente maleable para mí pues no hay nada, solo yo:
puedo llenar el mundo entero con lo que quiera.
Tenía que detener a la vorágine pero la he devorado.
Los suspiros rebotan por las paredes, es lo único audible en
esta habitación. Será mi madre, que ya estaría dormida, a mi lado. Respira tan
bajo que a veces me asusto y debo poner mi dedo bajo su nariz para
tranquilizarme. Entonces me detengo. Una fuerza consciente me hace recordar a
lo que debí ser yo obedeciendo este tipo de impulsos en otras ocasiones. (La
nariz de mi madre, entonces, pasa automáticamente a mi memoria.)
Soy buena. La calidez se despierta en mí al haber
descubierto generosidad en un impulso inconsciente, y lo describo. Pero
formular al fuego es soplar sobre él. Eso me asusta: ya no soy buena.
"Los suspiros rebotan por las paredes, es lo único audible en
esta habitación."
Oscuridad, un perro duerme a mi lado. Está tranquilo y eso
me conviene. Me duele el estómago, mi vorágine patalea, pero él ha aceptado
taparse, tenderse junto a mí. Este perro confía tanto en mí que no le inquieta
el ruido de las teclas: duerme. Entrega su cuerpo a mí, cierra los ojos. Se ha
tirado en picado a su interior, se ha abandonado y yo debo cuidar de su
cuerpo. Cierra los ojos ante el mundo. Junto a mí, no teme que nada pueda
atacarlo. Respiro, respiro, respiro.
Oscuridad.
Alfredo, Alfredo, Alfredo, duermes junto a mí. Tú, que
conoces mi peligro mejor que un perro, cierras los ojos. La habitación es tan
oscura que no puedo verte la cara, pero la intuyo. Duermes de frente a mí, no quiero
tocarte. Eres con esta oscuridad: una idea. Tu cabeza asoma entre los pliegues
del edredón como una piedra al sobresalir de la piel de un lago. Tu cabecita es
una esfera tallada en piedra, arropada por el agua oscura. Una piedra suave y
húmeda, negra, musgo tranquilo, un perro abandonado a mí, una nariz, unas
pestañas, mi madre. Tus dedos agarran fuertemente las aguas, te envuelves.
Alfredo, te tiras en picado a tu interior y me entregas tu cuerpo, pero te
aferras con todas tus fuerzas a la oscuridad para que yo no pueda arrebatártela.
Si esta noche te quedases destapado, desaparecerías.
Aire entrando y saliendo, aire oscuro rebotando por la
profundidad de mi estanque.
La vorágine duerme junto a mí.
Lo hace, esto ya no es
imaginar. Pero respira, respira: mi madre duerme junto a mí y yo debo ser pequeña, ínfima,
piernas y manos minúsculas.
Mami, mami, párpados tranquilos, no puedo verte. Necesito
imaginar, no recordar, maldita vorágine hambrienta. Mami, mami, ¿quién eres?
Palabras.
Las palabras vuelven, tengo que buscarlas en una red.
Ya no hay mi madre, ojos, perros, Alfredo. Las ideas... Tengo que buscar, buscar. Tengo que buscar a
mi madre en las palabras, en una red, en otra red y en otra, y yo quiero que duerma. A ella también la he
arrojado en picado a su interior para tener que cuidarla, pero la busco. Respira.
Mi madre, la oscuridad,
un estómago.
Tenía que detener a la vorágine pero la he devorado.
Los suspiros rebotan,
rebotan, rebotan en mi vagina.
domingo, 28 de diciembre de 2014
PRIMA NOCTE
Una vorágine hasta aquí, hasta ahora. Un murmullo continuo
como una corriente, nada más. Y de repente ahora.
Intento no buscar palabras y dar luz a mis ideas, pero todo
pende de alguna otra cosa. Nada tiene suficiente brillo como para mantenerse
por sí solo. Las palabras son redes, a ellas también las precede la vorágine. Y
entonces mienten.
Yazgo. La oscuridad tapa mis piernas, arropadas, enredadas
con otras piernas. Mi estómago ocupa toda esta oscuridad, es el único ser
viviente. Doy cobijo, en mis entrañas, a la vorágine. Yo no la puedo expresar
con palabras sino es tiñéndola, pero mi estómago la porta realmente, tal y como
es. Soy madre: no siento náuseas sino el temblor de una criatura tumultuosa, mi
hija.
Pienso.
La vorágine es mentira. Y si mis palabras mienten es porque
intentan darle un viso de realidad. Recapacita, esto no se puede hacer. Me digo que desconozco la manera de
hablar con sinceridad y de mentir al mismo tiempo. Me refugio -respira-, me
refugio en que desconozco la manera de no buscar palabras, de ser una idea.
Mentira.
Yo soy la vorágine, soy toda esta oscuridad de
piernas enredadas.
Y yazgo.
El ahora es una habitación de red tejida con nudos
negros que me arropan.
Pero no duermo entre otras piernas sino sola. Mentira,
mentira, mentira, miento y por qué. Por los nudos, por la vorágine. La vorágine:
Qué es la vorágine. (Preguntar es sincero.)
Vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine,
vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine,
vorágine, vorágine,
vorágine, vorágine, vorágine, vorágine,
vorágine, vorágine, vorágine, vorágine,
vorágine, vorágine,
vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine,
vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine, vorágine.
La vorágine es el pasado. Y el pasado es un murmullo, una corriente dura que
empuja hasta el ahora. Yazgo arropada. Y el ahora, una corriente que empuja
desde atrás, una red que pende de otra. Tengo que hundirme en la vorágine para
comprender, pero qué es la vorágine, contéstate.
Es antes.
Pienso.
El día de hoy, ayer, la semana pasada. Años, años, años. Los
años no son años, no tienen forma, no los veo. Sí veo mi vida en esta habitación:
una manta larga y espesa y los años, entretejidos entre ellos, mezclados y confusos,
han oscurecido esta noche, para taparme. Los hechos hilados en un largo trapo
cálido que me adormece, sin formas ni límites que los distingan.
Hechos: fuerzo mis recuerdos igual que busco las palabras: hojeo
la guía de teléfonos: manoseo el manual de lingüística. No encuentro, pero sabré
qué busco, me digo, cuando la forma de la página me resulte familiar. Respiro.
El ahora en que yazgo, hoy.
Han pasado cosas, puedo enumerarlas, especificarlas. Esto es
algo que mañana ya no podré hacer. Tengo una lista. De la misma manera, no
puedo volver a vivir el día de hoy, ni tan siquiera sentirlo, al leerlo: mi
lista de hechos se resume en palabras.
RESPIRA.
Una dura, lejana corriente, ha apagado la luz en este cuarto,
ha cerrado los ojos, las piernas que rodeo, se ha metido en mi estómago y no la
veo. Ni soy capaz de abstraerme y no ver, ni necesito abstraerme y no ver. La vorágine
es un vacío amenazador que me agota, que me facilita el sueño cada noche y un
cuerpo con quien dormir.
LA VORÁGINE:
el pasado,
todo lo mío,
es
un cuento ajeno
jueves, 25 de diciembre de 2014
Retrato oval A
"Los diferentes "retratos ovales" han sido establecidos de modo paralelo por todos los participantes a partir del relato de Edgar Allan Poe El retrato oval. La labor de recomposición implica la "tachadura" de todas las palabras juzgadas inútiles del texto original, sin alterar las demás ni el orden cronológico y gramatical del texto. Había el propósito de extraer el contenido latente e irracional del mismo texto original."
Eugenio Castro
domingo, 16 de noviembre de 2014
los colmillos del círculo social (1)
ANSIADA REUNIÓN DE VIEJOS AMIGOS:
en un desfiladero material
un compendio de frases vacías
merodea ante mis ojos
esperan el momento preciso
para abalanzarse
la conclusión será
todas ellas desperdigadas
hundidas en mis tuétanos
en un desfiladero material
un compendio de frases vacías
merodea ante mis ojos
esperan el momento preciso
para abalanzarse
la conclusión será
todas ellas desperdigadas
hundidas en mis tuétanos
lunes, 3 de noviembre de 2014
habitación a partir de las 18:00
el desorden se esparce a mi alrededor como si tuviera vida propia
de la misma manera
a las flores que he plantado la semana pasada
las atosigan miles de malas hierbas
me sorprendo aliviada por una leve sensación de compañía
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