viernes, 15 de julio de 2011

"No necesito tenerte cerca cuando vomito".

jueves, 14 de julio de 2011

Las comparaciones son odiosas.

Son hasta irónicas las grandes capacidades del ser humano. Y digo "grandes" por ese fastuoso invento, que con nosotros ha nacido, llamado "comparación". Grandes, comparadas con la inferioridad que supone la mera mecánica de los animales. Me pregunto si esa supuesta inutilidad no haría de nosotros seres más útiles de lo que realmente somos. Más brillantes. Porque, entonces, la sangrienta comparación no se encargaría, cargada de pólvora hasta los topes, de llevarse a la sombra del olvido a todos aquellos que no superasen lo que unos pocos consideran como "bueno". "La sombra del olvido" es una bonita metáfora que acabo de sacarme de la manga, es la muerte. Y "olvidada", porque nadie retiene en la memoria a las víctimas de la comparación. Las víctimas de la subjetividad, que tan objetiva luce en nuestras cabezas; tan opaca que ciega nuestros ojos y cerebro, e incluso el de nuestros amigos, vecinos y los del mundo entero.
No entiendo cómo nuestra capacidad de evaluación es capaz de crecer tanto, de salir de nuestras cabezas. No entiendo cómo un juício puede traspasar pieles, aire y huesos. Cómo una valoración mata o enriquece. No lo entiendo. Pero menos aún entiendo el por qué de esas evaluaciones, juícios y valoraciones. No entiendo el por qué de las comparaciones. No entiendo por qué, siendo el ser humano (en teoría) tan capaz de obrar en consecuencia de sus actos, sigue empeñado en continuar con ellas tal y como empezó; a la vista de miles de años de consecuencias, por si a la primera no se había enterado. Seguimos empeñados en apoyarlas a sabiendas de nuestra ceguera voluntaria. A sabiendas de que son falsas en muchas ocasiones. A sabiendas de que pueden significar tragedias.

Fusilamientos del 3 de mayo, Francisco de Goya
Bueno, sólo quería hablar de los bombardeos de Bombay. De las minas de Camboya. De los tiroteos de Siria. De las torturas de Ciudad de Juárez. De eso y de las palabras que encarnaron todo ello a modo de pensamientos. Y del olvido. Pero para que olvidemos "millones de víctimas" y nos detengamos en "hay personas que han perdido la vida". Tanto asesinos como asesinados son personas. Tanto mentirosos, como ingenuos. Y si somos personas, somos iguales en derechos. Y si valemos (o costamos, porque ahora está más de moda ese término) lo mismo, ¿por qué comparar?
Las comparaciones son realmente odiosas.

miércoles, 6 de julio de 2011

Suponer.

Supongo que era de otras manos de las que se necesitaba para abrir por fin el ataúd. Otros suspiros, otras sílabas. Otras alas, supongo. De otro plumaje para atravesar a nado el impávido cielo. Supongo que la vida son alas grandes, alas de halcón, alas de las que simplemente se exige apertura. Supongo que moverse a día de hoy, está de más. Y si viene el viento... Si viene el viento, pues permanecer. Y ver, supongo, la quietud. El sueño en los párpados, sueño o pasividad. Hoy son lo mismo. Alas que no se mojan, porque el mar está lejos, demasiado profundo como para llegar si uno se eleva correctamente. Si uno se deja, no se moja. No hay olas. No hay viento allá arriba. No hay nada. Nada. Por el aire. Nada a flote. Nada. Nada haciendo el muerto. Porque son eso las alas. Lo impávido y quietud. La serenidad de esta noche infinita. Y si viene el viento, nada. Si viene el viento nada, porque entonces ya no eres. Eres aire. Y tus alas... Tus alas al mar.


martes, 5 de julio de 2011

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Me dijiste "no creo tu reflejo,
ni en tus labios, ni los besos que en tu aliento se pierden al mirar".
Y yo, a base de espejos,
te enmarqué a la luna y a esa estrella que ni se dignaron a asomar.
Y así, a ventana abierta,
que con las cenizas que rebolotean al aire confesé: quise fracasar.
Mas, sé
que entre laberintos
de cemento, piedra o tierra,
perseguiré del gato a su negrura para salir de este zarzal.
Y a los tropezones, 
pues tus huellas no abandonan la figura que dejaste a cada esquina de tu caminar.
Y caídas y sudores,
y lágrimas de asfalto, 
pero que me caiga un rayo si no te he dicho la verdad.
Que no, que no me he rendido.
Ni lo haré jamás.

martes, 21 de junio de 2011

Si pudiera...


Si pudiera.
Si mi mano se aferrase a la tuya y lo ojos tocasen.
Si las dudas fuesen cadenas.
Si los corazones cuerdas y
si las huellas quedasen.
Sí, las huellas. Quedasen,
permaneciesen como hoy permaneces,
como cuando miras y miraste.
Y permaneciste aquí, en el espejo que guardo de hoy.
Y guardaré, espero, reflejado en llamas;
en velas por cada día y momento.
En velas de olor a tú, color y calor de tú.
Brillo para cuando se pierda el oscuro de tu sombra, 
para cuando alumbre otra mirada.
Brillo para velar la partida y señalar la vuelta.
Brillo de luz de memoria, de nada.

Si pudiera, yo misma caería en pedazos,
y me desharía en ceniza. Yo misma
te pediría brillar por ti. Brillarme.
Si pudieran tocar los ojos y aferrarse mis manos.
Si los corazones fuesen cadenas y las dudas, cuerdas.
Y si pudiera, yo me teñiría de sombra para ti,
de oscuro de partida para volver contigo.
Yo misma,
Si pudiera.

jueves, 16 de junio de 2011

domingo, 5 de junio de 2011

Chover. Chovendo. Chovido.


Mojada por charcos, pasaba por allí. Charcos, el reflejo del mismísimo cielo, la cara amarga del sol, de la moneda que figuraría en sí el planeta. La basura hecha de alfombras para pisar, de bebederos y acuíferos de bacterias; la porquería de la sociedad, la oscuridad de los amaneceres, el frío en su máximo esplendor. Y yo, por allí. Como siempre esperando, como siempre a la espera. Como siempre, pensando en ese tipo de cosas que a nadie más se le ocurrirían. A veces me pregunto si es que hay alguna normativa que prohíba a la imaginación, porque no veo más que bombillas ahogadas. De la imaginación no queda más que su imagen, la exteriorización de un cuadro mal pintado, la deforme mirada de una losa de agua ante la curiosidad. 
La imaginación,
son los charcos.

jueves, 2 de junio de 2011

FIGHT

¿Cómo es posible seguir así después de todo? ¿Cómo es posible que sigáis en búsqueda de una libertad? ¿De veras creéis que aún tenéis libertad? ¿De veras pensáis que algún día la habéis rozado? 
Buenos días a la hipocresía y buenos días a la ceguera, planeta. Buenos días a todos los que os amordazáis a diario con las cadenas que compráis. Buenos días, egoísmo, buenos días. "¿Qué dices? ¡Si a nosotros nos va bien!" Sí, bien imbéciles que os va. Bien ignorantes, como siempre, y bien preocupados de vuestra sucia conciencia.
Bueno, en fin y, ¿qué tal? Supongo que como siempre, no sé si habéis mirado, visto un poco siquiera. No sé si en vuestras sonrisas puebla el vacío o la crueldad, realmente no lo sé. No sé qué culpa hay, ni de quién es, pero está claro que es una herencia que habéis adquirido con gusto. Herencia que os mantiene a flote de la crisis, del hambre, de guerras, de pobreza, de soledad, de sentimientos, de libertad. Ricos sois y ricos seréis, ricos de puro vacío. 
¿Sabíais que al propio rey de la selva lo mantienen sonriendo con un poco de carne al día? Ni siquiera es consciente de que vive en una jaula en la que él mismo se metió. Qué coincidencia con vosotros mismos. Luego, sí, tachad al resto. Tachad lo que queráis porque sois vosotros los únicos tachados. Son vuestros ojos los que están tachados. ¿Tachados de qué? Pues, depende, a veces avaricia y otras simple idiotez. 
Nadie sabe a día de hoy dónde vive, dónde ubicarse, ni por qué luchar. Nadie sabe por qué grita, y grita por gritar. Todos se ven en una ciudad libre y ni siquiera viven en su propia ciudad. Todo lo grande ocupa, por eso estáis tan ocupados por vestir y parecer, por adornar la burbuja de los más bonitos colores.
Vale, pero no todo es así. No todo es simple, ni todo está carente de sentido si no es el nuestro. Hay preocupación, aunque esté invisibilizada por la ceguera que lleváis encima. Hay verdad, y podéis verla. Os invito a reflexionar sobre el mundo, a abrir los ojos de una vez por todas. Os invito a morder vuestras cadenas con saña. Os invito a la igualdad. 
Alzad el puño por vosotros y alzadlo por todos los que ya lo tenían alzado. Alzadlo por la realidad.